Observatorio de Movilidad
Londres se cuestiona su modelo de peaje urbano
El nuevo alcalde de Londres, Boris Johnson, paraliza el proyecto de expansión del paradigmático sistema de peaje urbano impulsado por su predecesor, Ken Livingstone.
Me doy cuenta de que desde que empecé a escribir en este Observatorio no había tocado todavía el interesante tema de los peajes urbanos. Éstos, en mi opinión, han ido cobrando injusto protagonismo en la última década como armas de lucha contra la congestión en las grandes ciudades.
La primera experiencia que conozca de peaje urbano se instauró en una zona de Singapur en 1975 y su gestión se ha ido modernizando con el paso de los años. En Europa, los casos de mayor renombre son el propio Londres, Estocolmo y el caso reciente de Milán.
La verdad es que estoy ya un poco cansado de escuchar que este tipo de medidas reducen mucho la congestión. Cualquier esfuerzo dedicado a cuestionar tal afirmación me parece tan estéril como estúpida me parece la propia afirmación. Sin duda que cobrar por circular reduce el número de personas circulando, al igual que cobrar por aparcar en la calle reduce el número de personas buscando aparcamiento en la calle. No son más que perogrulladas.
Pero la gran pregunta no es ¿se reduce la congestión? sino ¿mejora ésto la calidad de vida de los ciudadanos? ¿mejora ésto la movilidad? Éstas ya no parecen tan sencillas de contestar. Mi opinión es que no.
En realidad, las ciudades que lo han implantado y determinados estudiosos del transporte defienden que, cuando una persona se desplaza en coche, no sólo se está auto-generando un coste (el coche, la gasolina, el tiempo que usa, etc...) sino que además se lo está generando a los demás conductores, a peatones y al medioambiente, y que han de pagar por ello. Para ser fino, diré que el razonamiento es un tanto sesgado, ya que olvida la existencia de los impuestos a los carburantes, impuesto de matriculación, impuesto de circulación, etc... que cubren tales costes ocasionados a terceros.
En el caso concreto de Singapur, por ejemplo, las autoridades varían el precio para ajustar una velocidad media objetivo en el centro de la ciudad. Curioso. Esto es como si las autoridades se dedicasen a subir artificialmente el precio del pan en épocas de escasez para que a los pocos que puedan comprarlo incluso les sobre... Así podrían decir: "la gente que come pan en mi ciudad come tres barras". Igual que ahora se llenan la boca diciendo: "la gente que conduce en mi ciudad lo hace a una media de 25km/h". Ya he comentado alguna vez que, aunque no sea lo mismo, circular es hoy en día una necesidad y no un capricho. Los políticos no tendrían que preocuparse por el bien de unos pocos que pueden sino por asegurar alternativas de desplazamiento adecuadas a todos y cada uno de sus ciudadanos.
Por suerte, el fenómeno de los peajes urbanos no termina de cuajar. En los casos que se ha sometido a referendum, se suelen obtener abultados 'NOes' contra escasos y tímidos 'SIes'. Los políticos saben que no son decisiones que beneficien ni gusten a la mayoría. Además, en los pocos casos de estudio en todo el mundo se observa un daño colateral importante: los atascos desaparecen de las zonas tarificadas pero se desplazan a las zonas limítrofes.
Leo en una publicación que sigo habitualmente que el nuevo alcalde de Londres ha decidido anular cualquier iniciativa orientada a la ampliación de la zona de tarificación (proyectos ya previstos y aprobados en la anterior legislatura) e incluso se rumorea que todo el sistema ya instalado se encuentra en entredicho. Los ciudadanos saben que casi el 70% de la recaudación se destina a cubrir los costes que el propio sistema genera. Vamos, gastar por gastar.
Londres ha sido el 'caso estrella' en este campo ¿será esta decisión el principio del fin de los peajes urbanos tal y como los conocemos ahora?
Publicado el 05 jun, 2008, 10:31AM por Jorge en la categoría Mucha Movilidad | Comentarios[0] | URL trackback
